El arte tiene la misión más importante del desarrollo social. Educando la sensibilidad, se toma conciencia de todas las diferencias que existen, aumenta el desarrollo intelectual y la capacidad para comunicar mediante un lenguaje que se percibe a través de los sentidos. Cuando el arte se pone al servicio de la sociedad y esta es capaz de integrarla en sus vidas, es cuando se puede palpar todo su potencial y beneficio. Esta visión, requiere reflexión y estudios profundos que acompañen a la concepción general y la formación del individuo. La observación juega un papel preponderante y es este aspecto humano el esencial para llenar su dimensión social independientemente de la raza, procedencia o credo a la que se pertenezca. El arte lleva su propia inercia educadora como energía vibrante mutando lo más íntimo y esencial de nuestra especie y este hecho nos permite poner en cuestión todos los aspectos espirituales y sociales que nos rodean y nos hacen humanos.